Calidad

Si pincháis en las fotos se ven mucho más grandes!!!
xDD esque había que decirlo *.*


viernes 25 de septiembre de 2009

Cap. IV

Lo prometí hace mucho tiempo... y aquí llega el cuarto capítulo ^-^ aunque ahora lo lee menos gente... pero bueno :)

Tengo unos cuantos de dibujos que subir, pero como se ha roto la cámara y está en reparación... A ver si consigo subir unos pocos.
IV

Se despertó sobresaltado. Había dormido apenas una hora y aun estaba realmente cansado. Se levantó de la cama de un salto (lo cual le produjo un leve dolor de cabeza momentáneo) y se sacudió la ropa, mientras echaba una rápida ojeada al aspecto del cuarto. Los cachivaches tirados por el suelo, los libros desparramados por la mesa y todo en un caótico desorden no le daban muy buen aspecto a la habitación. Suspiró y cerró de nuevo los ojos, mientras susurraba unas palabras en aquel otro idioma. Cuando abrió los ojos, después de unos instantes, todas las cosas estaban bien colocadas, en orden. Sonrió con suficiencia y miró por la pequeña ventana, buscando el reloj de la torre del cabildo. Eran apenas las cuatro de la tarde, y eso que habían comido tarde. Aun quedaban cuatro horas largas para la velada nocturna, pasatiempo que nunca le había hecho mucha gracia. Salió del cuarto y subió los pequeños escalones lentamente, hasta llegar al piso superior. Su madre llevaba preparando la mudanza desde hacía poco más de tres meses, por lo que las obras ya habían acabado y el amueblamiento de la residencia ya había concluido. En la planta superior había instalado una habitación muy moderna, con el techo todo de cristal. Eso era bastante caro y además iba en contra de toda lógica. Pero el cielo, por la noche, era un gran espectáculo. Aparte de que entraba muchísima luz. Esa habitación estaba atestada de libros, era la biblioteca-observatorio. Pues la señora había decidido comprar un aparatejo extraño, del cual juraban su procedencia oriental, que hacía ver más grandes las estrellas, los planetas y la Luna. Estaba ahí en medio, ocupando como dos personas grandes una al lado de otra, de ancho, y hasta el techo de alto. Eric se acercó a la ventana, y vio gran parte del pueblo, el camino, el bosque, la falda de la colina y… ¿una casa? Una casa abandonada, vieja. La miró con más interés, pero, al estar muy lejos, seguía sin ver casi nada. Entonces calló en la cuenta de que estaba ahí el aparato. Se acerco a él, sin saber manejarlo. Siempre era su madre la que lo manejaba. Miró por el pequeño agujero que tenía en la parte superior, y vio el cielo azul. Con una palanca que tenía a su lado movió el visor, hacia abajo, enfocando los tejados del pueblo. Lo fue girando lentamente hasta que vio la antigua casa. Resultó estar en mejor aspecto del que parecía. Aunque las hiedras subían por las paredes y los arbustos estuvieran en estado salvaje, el tejado estaba en perfectas condiciones. La observó un rato, hasta que vio movimiento en algunas cortinas. Antes no se había fijado, pero la oscuridad que aparentemente había en la casa no era más que cortinas oscuras. No logró ver a nadie dentro de la casa. Decidió que a la mañana siguiente se acercaría a ver aquella misteriosa casa… tenía algo que le llamaba la atención.

Abrió las puertas de cristales plomados con suavidad. Pese a que toda la casa chirriaba, los goznes de las puertas no emitieron sonido alguno. La brisa que hacía susurrar a las hojas de los árboles removió de nuevo el cabello de Caroline, haciéndole cosquillas en la cara. Desde aquel balcón, plagado de hiedras y lleno de hojas caídas, tenía una hermosa vista del pueblo. Todos los tejados brillaban con la luz del pasado mediodía y se veían los preparativos de la velada. Se apoyó en la balaustrada con los codos, mientras deslizaba la mirada por los campos y los bosques. Se levantó, abrazándose a sí misma en un intento de entrar en un poco de calor, pues se sentía muy fría. Echó un último vistazo y se metió dentro, cerrando tras sí. Se dirigió a la puerta que estaba más lejos de la escalera. La abrió cuidadosamente (aun dudaba de que estuviese sola en aquella casa) y se encontró dentro de una lujosa, aunque polvorienta, habitación para dos personas. La cama, alta y con dosel, el cual parecía desaparecer con un pequeño toque, estaban en la pared izquierda. Enfrente, una cómoda y un tocador. La alfombra parecía contener todo el polvo reconcentrado del mundo. Todo el cuarto estaba decorado en tonos claros, beige, blancos y dorados. Caroline se acercó al espejo, pero decidió que sería mejor no mirarse. Empezó a abrir los cajones de la cómoda, los cuales, para su sorpresa no estaban vacíos. Contenían camisas y pantalones de hombre, además de ropa interior de ambos sexos y algunos corsés. Recorrió la vista de nuevo por la habitación, encontrando un armario al lado de la cama, el cual desde la puerta no se veía, pues estaba pegado a esa misma pared. Lo abrió, pero se tuvo que agachar, pues unas polillas salieron de él. Cuando estuvo segura de que no quedaba ninguna más, miró dentro del ropero. De él colgaban vestidos, todos ellos de colores claros, amarillentos para ser más claros, casi completamente carcomidos por las polillas. Sacó uno, que debió de ser muy lujoso, y lo dejó encima de la cama. Las mangas, el cuello y prácticamente toda la falda tenían serios agujeros, interior y exteriormente. Ojeó algunos más, pero todos ellos estaban en un estado deplorable. La chica miró el suyo propio, que estaba manchado de tierra y… ¿sangre? Decidió no pensarlo y volvió a colocar los trajes en sus respectivos lugares. Abrió las cortinas dejando entrar más luz (pues éstas no eran oscuras, sino de encajes blanco-amarillentos) y salió de la habitación dejando la puerta abierta. La segunda era algo más estrecha, y tenía dos camitas, llenas de polvo. En las estanterías descansaban algunas muñequitas de trapo, y otras de porcelana china, preciosas con sus caritas blancas. Una casa de muñecas estaba en el suelo, y en la cómoda solo pudo encontrar ropa de niñas pequeñas. Aquella habitación de color malva y rosa le recordó a su infancia y salió apresuradamente, sin abrir las cortinas siquiera. La tercera habitación, en verdes, tenía una única cama para una única persona. El escritorio, lleno de papeles antiguos, tinteros secos y plumas, estaba justo enfrente de ésta. La ventana estaba encima de la cama, pues esta era la habitación más estrecha. El ropero guardaba trajes de hombre, pero joven. También comidos por las polillas. Todo aquello era muy extraño, como si hubiesen huido de la casa. Corrió las suaves cortinas de terciopelo verde y salió de la habitación. La penúltima era un cuarto, con menos polvo que el resto. La cama de matrimonio estaba como un poco peor hecha, y sobra la mesilla de noche se apreciaban restos de cera. Había también un pequeño escritorio, sobre el cual había un libro abierto. Fue hacia las cortinas, las corrió y se acercó de nuevo al escritorio. El libro tenía algo escrito, pues resultó ser un cuaderno… Helena Kellen y Jonas Dudorai estuvieron aquí malditos en… Fabio Sokellen tuvo la suerte de quedarse en esta casa… Lydia Jane Poll vivió aquí un año…. Había muchos, y todos ellos tenían una fecha. Por lo que aquella casa siempre había sido la utilizada para los malditos… por lo menos desde que había sido abandonada. De hecho… Lydia Jane le sonaba. No sabía a qué ni porqué, pero le recordaba… a la historia de la maldita a la que se había llevado la sombra por segunda vez. Aquella mujer había sufrido un segundo ataque y la sombra se la había llevado a la otra dimensión. Caroline cerró con cuidado el cuaderno-diario y salió de esa habitación, pensando que, aunque aquella siempre hubiese sido la que habían utilizado, ni se imaginaba quedarse en ella. Era demasiado… deprimente. Prefería quedarse en la habitación verde, por ejemplo. Salió del cuarto con una sensación de fantasmas a su alrededor, mientras se dirigía a la última puerta.

Eric agarró un abrigo y salió de la casa. Aunque empezaba el invierno no hacía mucho frío, pero la brisa soplaba con bastante fuerza. La plaza estaba abarrotada, los carpinteros terminaban de colocar los esqueletos de las carpas, y la banda practicaba una alegre canción. Notó como atraía las miradas, pero agachó la cabeza dejando que el pelo le tapara levemente la cara y se fue camino arriba. En realidad quería alejarse de su casa y pensar un poco. El camino parecía terminar en una granja, pero Eric sentía un rastro de magia… Se fijó más en el suelo y vio como una mancha oscura lo recorría, como si el albero se hubiese oscurecido. Acercó la cara al suelo, aunque al instante la apartó asqueado. Apestaba a cadáver en descomposición. Continuó andando, hasta que encontró con una piedra a mitad de camino. Ésta parecía haberse caído del muro, pero a su alrededor… había un reguero de… sangre… Subió el muro después de haber pasado la roca con aprensión, y continuó hasta la granja. Ésta debía ser bastante lujosa, porque había un ir y venir constante de gente. Parecía también estar preparando la Fiesta de Invierno (no entendía cómo una fiesta tan importante se dejaba para el último momento), haciendo pasteles y adornos de telas. Una chica embarazada, de unos dieciocho años, estaba sentada en un banquito de piedra debajo de una ventana que daba a la cocina. Estaba tejiendo algo, pero tenía la mirada triste y perdida. A veces miraba hacia los lados, como esperando ver a alguien, pero dejaba caer los ojos de nuevo. Entonces descubrió a Eric y se acercó a él, con una sonrisa triste en los labios.
‒ Buenas tardes. ¿Qué le trae por aquí?
‒ Buenas. Pues he seguido el camino y de repente he aparecido aquí. Aunque veo que la fiesta os mantiene muy ocupados.
Una sombra cruzó por los ojos de la chica, pero pareció sobreponerse.
‒ Sí… es algo muy importante… ‒ el deje triste de su voz hizo que Eric alzara una ceja ‒.
‒ ¿Qué le ocurre? ‒ se atrevió a preguntar, cosa extraña en él, pues siempre había sido bastante reservado ‒.
‒ Oh nada… esta mañana… ha muerto mi mejor amiga…

Me parece que lo hago demasiado... descriptivo... bueno, espero que os guste ^^

sábado 12 de septiembre de 2009

Angel

Espero que os guste ^-^


Primero: muchas gracias a JaviPotter, por entregarme el premio, pero como ya lo recibí, no lo puedo volver a colgar
Segundo: me animan mucho vuestros comentarios!!! Muchas gracias ^-^ Espero poder subir el cap. 4 el lunes
Tercero: tal vez cambie la plantilla, a una en la que las fotografías se vean mas grandes

Gracias por pasaros!!

lunes 7 de septiembre de 2009

Cap. III

La casa era más siniestra de cerca que de lejos. Aunque brillaba la luz del sol de mediodía (curiosamente habían tardado poquísimo en coserla y en informarla), los altos árboles, seguramente centenarios, cubrían la fachada y gran parte de la casa cobijándola bajo sus cerradas ramas, creando una densa capa que impedía el paso a la luz. El viento mecía las hojas con una suavidad invariable, produciendo un constante susurrar de hojas.
El tejado de la casa era alto, azul, a dos aguas, mirando al frente una y hacia detrás la segunda, con una chimenea a cada lado. De la fachada sobresalía un cuarto, que formaba una esquina en la cual se encontraba el porche. Éste saliente estaba coronado por otro tejado, también a dos aguas, pero dispuesto al contrario del grande. Las ventanas eran altas y puntiagudas, con los cristales mayoritariamente rotos, que dejaban entrever la oscuridad de la casa. Las contraventanas, de madera ya al borde del derrumbe, chirriaban con la inquebrantable brisa que parecía correr siempre por aquella colina. Debajo del porche, que estaba a un par de escalones del suelo, se encontraba la puerta, quieta, amenazante. Los arbustos habían crecido salvajemente, y las hiedras habían trepado por las planchas de madera descolorida de la fachada.
Caroline tomó aire lentamente, intentando producir el mínimo ruido posible. Aquella casa era, de pequeña, el escenario asignado a sus pesadillas con mayor frecuencia. Se armó de valor y abrió la pesada cancela que cerraba el paso, conduciéndola al también descuidado camino, antes de grava, tal vez. Lentamente, con parsimonia, se internó en la zona de sombra, alzando la vista para ver pequeños trozos de Sol entre el espeso ramaje. Subió con cuidado, pero produciendo quejidos en la madera, las escaleritas que conducían al oscuro porche. Observó el carcomido suelo de madera mientras avanzaba. Antes de lo que hubiese imaginado, ya estaba delante de la puerta, alargando la mano para tocar el frío pomo. Lo giró con cuidado y entró en la densa oscuridad.

‒ Bueno, ¿te gusta tu nuevo cuarto?
‒ Es… cómo decirlo… demasiado rústico.
‒ Estamos en el campo.
‒ No me había dado cuenta…
El tono de eterno reproche y leve ironía que siempre utilizaba con su madre empezó a usarlo hacía apenas cuatro años, cuando lo dejó al cuidado de su maestro. Cuando comenzó a usar el cerebro y aprender verdaderos hechizos.
‒ Entonces, esta noche irás a la velada – no era una pregunta, era una afirmación ‒.
Eric la miró con los ojos entrecerrados.
‒ Si no hay más remedio – contestó ‒.
‒ Te vendrá bien conocer gente de este pueblo… Además creo que Sarah sería una buena ayuda ‒ sonrió, falsamente, y alzando un poco más la cabeza exclamó ‒ ¡Sarah!
‒ ¿Sí, señora?
‒ Esta noche estoy enterada de que libras, pero, no te importaría acompañar un poco a mi hijo para que conozca algunos chicos de su edad, ¿verdad?
‒ Oh, señora claro que no.
Sonrió a Eric afablemente y éste resbaló la mirada, dejando entrever una arrogante sonrisa. Salió de la habitación, oyendo las órdenes de su madre (aunque ésta quisiera parecer agradable y dar la impresión de que solicitaba un pequeño favor) y la sumisión de la joven Sarah. Subió las escaleras de dos en dos. Ya en su cuarto, al que había accedido con dificultad debido a la poca altura de los marcos de las puertas, comenzó a desempaquetar sus cosas y a sacar y colocar los objetos de los pesados baúles. Libros, cuadernos atiborrados de apuntes y múltiples entes irreconocibles, cuya utilidad podría ser difícilmente descubierta. Se tumbó, después de un largo rato, en la cama, dejando caer a su paso algunos cachivaches. Cerró los ojos, ya que los sentía pesados, y se sumió a un sopor fácilmente quebrantable.

La puerta, abierta de par en par, dejaba entrar una tenue luz, iluminando un suelo, de madera como no, ennegrecido por el uso y por el tiempo. Al fondo, pegado a una pared, se vislumbraba un sofá, de color rojo oscuro (¿o era por la escasa luz?). Pegada, una librería, seguramente llena de extraños objetos, algunos relucientes, que brillaban por debajo del polvo acumulado. A medida que se le acostumbraban los ojos a la sombra, descubría nuevos detalles, un perchero a su lado, que, al no llegarle directamente la luz, se veía con dificultad; una mesilla baja al lado del sofá, una raída alfombra… Y a su derecha, una sombra oscura… que empezó a moverse lentamente. Caroline sintió como el color se iba de su ya de por sí pálida tez, y dio un par de pasos hacia atrás, chocando con el perchero. La sombra, negra, seguía avanzando, hasta que llegó a un punto en el que volvió hacia atrás, lentamente. Ella alzó una ceja, y adelantó un paso. La sombra volvió como antes… y luego de nuevo hacia atrás. Sonrió y comprendió. Era una cortina. Se acercó y tocó la suave tela. Con un pequeño movimiento de brazos, corrió las largas cortinas, las cuales llegaban hasta el suelo. Entró de pronto la luz, iluminando completamente la habitación. El oscuro rojo del sofá se tornó rojo granate, aunque un poco desgastado. Sobre él, un cuadro, ilustrando una cena de brujas, o algo que se le asemejaba bastante. La estantería de los objetos brillantes ocultaba una vajilla de plata, copas, bandejas y soperas, entre muchas cosas. Se veían tres puertas, y otras dos ventanas. Las paredes, revestidas con buenas maderas, sujetaban cuadros, pequeños, pero esplendorosos. La raída alfombra era de una buena lana gruesa, el perchero con formas imposibles, las puertas con molduras. Caroline abrió los ojos tanto como pudo. Jamás había visto una casa tan… lujosa. La suya era la más lujosa del pueblo, con tal vez la excepción de la mansión de la plaza, donde se habían mudado aquella misma mañana los nuevos inquilinos. ¿Por qué una casa así, que costaría lo mismo que el sueldo de un campesino durante toda su vida o más, había sido la elegida para resguardar a los malditos? Amueblada y todo… Apartó el tema de su mente y corrió el reto de cortinas. Las ventanas se veían negras desde fuera porque las cortinas eran negras como el más puro azabache. Los cristales, rotos, dejaron entrar la brisa que revoloteó los cabellos de Caroline, que notó secos y apelmazados. Dejó sus pocas pertenencias sobre el sofá, el que parecía haberse puesto de acuerdo con toda la casa y gimió. Curiosa, abrió la puerta que tenía a su derecha. Ésta le condujo a una habitación grande, con un gran asiento mullido, y estanterías con muchísimos libros. En aquella época, los libros eran bastante caros, y aunque Caroline tenía algunos en su casa, nunca había visto tantos. Tocó los lomos con la punta de los dedos… pero le dolió ver las salvajes costuras que le recorrían el brazo. La luz que entraba por la puerta no era suficiente y abrió los cortinones negros de las dos ventanas. Tanta luz parecía quemarle los ojos. Salió de la habitación, aun asombrada. Después de todo… aquello no era tan malo. Sí, había más polvo que casa, pero en un par de días todo estaría como nuevo. Volvió a la habitación primera, y decidió subir los escalones, antes de mirar el resto de la planta baja (había una escalera al fondo de la habitación, la pared que sostenía el cuadro que estaba encima del sillón, era parte de la escalera). Los escalones, cómo no, chirriaban, gemían y crujían, cuanto más subía, con mayor intensidad. Arriba del todo seguía la misma estética: suelo de madera y pared revestida de más madera. Había un total de seis puertas, cinco de ellas en el mismo pasillo y una enfrente del resto. Aquella puerta conducía al pequeño balcón que había encima del porche. Y fue a la primera puerta a la que se dirigió Caroline.

^-^ es un poco más corto que el resto, pero espero que os guste... y a ver cuando encuentro tiempo para escribir!!!

lunes 31 de agosto de 2009

premio Dulce Locura + dibujillo cutrEE


1. Agradece al blog que te lo otorgó.
2. ¿ Cuáles son tus cinco grupos favoritos ?
3. ¿ Cuáles son tus cinco libros favoritos ? ( no sagas enteras)
4. ¿Cuáles son tus cinco películas favoritas ?
5. Tus cinco blogs preferidos que sigues ( avisalos con un mensaje en su blog ) 6. Di cinco blogs que se lo merezcan ( pueden ser los mismos de arriba y no te olvides de avisarlos!)


1.: Muchísimas gracias a Myriam_Black ^^ Además doblemente :DD

2.: muuuy dificil elección... Gob, Billy Talent, My Chem, Within Temptation y Evanescence (los primeros que pasaron por mi cabeza xD)

3.: Memorias de Idhún I, Muerte de Tinta, 100 años de Soledad, Desde Mi Cielo y Gosht Girl

4.: Pesadilla antes de Navidad, La Novia Cadáver., Delicatessen, Sleepy Hollow y (no me sale ninguna que no sea de Burton!! es que he visto muy pocas :I) Big Fish
5.: no puedo tener tan solo 5 blogs favoritos!! pero bueno:

Javipotter ^-^ --> http://javipotter95.blogspot.com/ porque sin él no sería nada!! (y como no termine la emperatriz yaa le ataco!! xDD)
ro espero que se pase por aquí... O a ver si doy con ella!! Magnificas historias ^-^


domingo 30 de agosto de 2009

noche


Espero que os guste... como notaréis... está un poco photoshopeado :P
Lo he pasado muy bien y he vuelto con las pilas cargadas!!! Tengo otro capitulo y medio, más o menos, y otros cuantos dibujos ^-^
Espero que lo hayáis pasado bien, y a los nuevos seguidores, gracias por seguirme :D

miércoles 5 de agosto de 2009

Cap. II

II
‒ Ya está, esta es la última puntada.
‒ La familia Swamp estará destrozada…
‒ No creo ni que se acerquen a la chica. Son muy supersticiosos…
‒ Pobre chica.
Las voces resonaban en la cabeza de Caroline. Ésta abrió los ojos, temblorosamente. Le dolía todo el cuerpo, lo sentía como fuego. Al principio veía borroso, pero las sombras que se apretujaban a su alrededor se fueron haciendo nítidas al cabo de un par de segundos. Eran Los Ancianos, trece hombres y mujeres, los más viejos del pueblo, que velaban por la seguridad de éste. La Anciana Mayor, Poignée, la mirada tras una capa de arrugas. Podía tener más de ciento cincuenta años, pero nadie lo sabía con exactitud.
‒ Pequeña Caroline…
Ésta intentó enderezarse, pero sintió un desgarrón en las entrañas que la hizo gemir de dolor. Algunos de los ancianos, los más jóvenes, se apartaron con aprensión, alejándose lo máximo de ella.
‒ Estás maldita.
Lo último que quería oír Caroline era eso. La maldición, la temida, aborrecida maldición. Se miró las manos, los brazos, los cuales tenía llena de costuras. Burdas y ensangrentadas costuras. Todo aquello parecía sacado de una historia de terror, una pavorosa y cruel historia de terror. Gimió de nuevo, pero no le salieron palabras. La garganta le dolía horrores, la cabeza le daba vueltas, las piernas le temblaban mientras los ojos le lloraban. Se encogió sobre sí misma, pero deseó no haberlo hecho. Se vio las piernas, también cosidas, con nudos y cruces, sin cuidado ninguno. Como alguien que cosiera un juguete roto sabiendo que pronto acabaría en la basura.
Poignée le sonrió levemente, dejando ver una escasa dentadura.
‒ Estás maldita durante solo un año. Alégrate, los hay peores.
‒ ¿Porqué… un a… ño? –­ preguntó Caroline a duras penas, entre arcadas de dolor.
La Anciana volvió a sonreír, pero con una triste mueca.
‒ No te puedo oír…
Caroline sollozó, contuvo el aliento y gritó. Gritó como nunca había hecho. Un grito que salió del fondo de su garganta, su magullada garganta. Un grito proveniente del mismo infierno. Un grito que ponía los pelos de punta hasta a la misma sombra… si ésta tuviese corazón. Un grito desgarrador, que significaba el perder una vida, el estar maldito. Aquellos que aun no se habían alejado se retiraron horrorizados. Excepto Poignée, que había vivido los suficientes años como para ver numerosas maldiciones.
‒ Caroline, tranquilízate. ¡No es tan diabólico como piensan tus padres!
‒ ¿No? ¿NO? ¡¡NO ME ENTIENDEN!! ¡¡ESTOY MALDITA!! No volveré a verlos… no podré volver al pueblo… no p…
Calló, cuando se escuchó. No hablaba normal. No le escuchaban. Para ellos no era más que una muñeca rota, a la que había que llevar lejos del pueblo. Una muñeca rota y maldita. Perdió la vista en la lejanía y se quedó ensimismada… nunca nada sería igual.


No acababa de acostumbrarse a su nueva habitación. Era demasiado… ¿rústica? En vez de las suaves piedras pulidas a las que estaba acostumbrado, sino roca; en vez de talladas y lijadas maderas, toscos troncos. La lana era demasiado gorda, las paredes demasiado anchas y el techo demasiado bajo. Suspiró y miró por la pequeña ventana, que resultaba ser apenas un rudo agujero en la roca sin pulir. Desde allí veía a los aldeanos montar animadamente los puestos y la carpa de aquella noche. Uno de los Ancianos acababa de llegar y lo dirigía todo tranquilamente. Los floristas colocaban sus flores, grandes ramos de muchísimos colores. Los dueños de las tabernas de la plaza sacaban las mesas fuera, los magos y adivinos montaban sus puestos al fondo de la plaza, llevando extraños carros coloridos y de curiosas formas. Como si nada hubiese ocurrido aquella mañana.
Había llegado un chico corriendo y gritando “la Sombra, la Sombra”, y todos dejaron lo que estaban haciendo. Se subieron a los carros, a los troncos, a las mesas… Él lo vio todo desde el balcón. Sabía que a su casa jamás se acercaría… Además no tocaba el suelo, estaba en una planta superior. La Sombra apareció al cabo de unos minutos, unos minutos llenos de chillidos y respiraciones entrecortadas. Resultó ser una figura negra, con afiladas garras y largos colmillos, que iba dejando un rastro sangriento tras sí. Se quedó cerca de media hora dando vueltas por la plaza, media hora de nerviosismo y terror. A final se acercó al pozo que había en el centro de la plaza, inutilizado ya, y se metió dentro. Lo que nadie logró atisbar, fue la mirada que le dirigió a Eric antes de irse. Una mirada burlona que solo él consiguió ver, y le dejó los pelos de punta. Sacudió la cabeza cuando lo recordó. No debía asustarse por un demonio maléfico. Suspiró y siguió observando los preparativos, pensando en los motivos que tenía su madre para mudarse. ¿Sería porque aquella casa tenía más bajo tierra que en la superficie? Decidió no pensarlo. Las excentricidades de su madre no le incumbían. No le importaba haberse ido de una ciudad en la que no tenía amigos, ni haberse separado del serio hombre con el que se había casado su madre hacía ya quince años. Le vendría bien la simplicidad del campo, aunque tuviera que soportar las apariciones esporádicas de la Sombra. Lo que sí echaría de menos sería a su maestro, al que admiraba y quería como a un padre. Él le había enseñado casi todo lo que sabía, lo que no procedía de los libros ocultos de su madre.
Su madre… aquella señora que casi siempre estaba distraída, o en su habitación leyendo, o en el laboratorio generando olores no muy agradables. Era hermosa, alta y rubia como él. Pero tenía los ojos mucho más claros, grises con un brillo verdoso. Normalmente vestía con trajes simples pero elegantes, muy pocas joyas y el pelo cuidadosamente recogido. Cuando él era aun pequeño, estaba mucho con él, le contaba maravillosas historias y le enseñaba pequeños trucos para dormir, no tener pesadillas o hacer que broten flores. Pero cuando pasaron los años le impuso un maestro y se distanció, metiéndose días enteros en el laboratorio o enfrascándose en la lectura de algún polvoriento y antiguo libro.
‒ Señorito Eric – le interrumpió de sus pensamientos una de las criadas más jóvenes --.
‒ ¿Sí, esto…, Sarah?
‒ La comida ya está lista y espera en la mesa.
‒ Vale, ya voy.
La joven salió y él miró una última vez por la ventana. Abrió la puerta y salió a paso ligero. No le gustaba hacer esperar a su madre.


Caroline agarró las pocas cosas que le habían dado los ancianos, un par de vestidos y algunos objetos personales que sus padres habían aceptado darle. Salió temblorosamente del edificio que hacía las veces de ayuntamiento, juzgado e incluso, raras veces, como aquella, hospital. Recordó la conversación que había tenido hacía apenas una hora con Poignée.
‒ Irás a vivir a la casa de Fui.
Caroline abrió la boca para contestar, pero la cerró rápidamente. En sus ojos se vislumbró la sorpresa y el miedo. Nadie se acercaba a la Casa de Fui.
‒ Sé lo que piensas, la casa “maldita”. Allí viven los… otros. No es mala casa para vivir, tendrás una cama y agua. Pues, como comprenderás, no comes. En este año no tienes que hacer mucho, solo trabajar en el campo o en el bosque. Pero no te acerques al pueblo, nunca debes acercarte. A menos que se te pida que vayas. Y debes tener mucho cuidado.
Poignée la miró fijamente mientras ésta arqueaba las cejas.
‒ Si la Sombra te atrapa de nuevo te arrastrará con ella. Ya no tendrás salvación posible. Hace siglos, la Sombra también existía. Y se llevaba a la gente directamente, nada de maldiciones y de segundas oportunidades. Pero un antepasado mío, Benson Pesevey, creó la posibilidad de la maldición. Es estar muerto pero vivo, una segunda oportunidad… aprovéchala. No te comportes como una estúpida niña rica…
Miró a su alrededor, vislumbrando en la lejanía la colina en la que resplandecía una casa victoriana, grande, pero con apariencia de abandonada y cubierta casi completamente de hiedra. Todos los niños del pueblo tenían miedo a la casa, y a nadie, absolutamente a nadie, se le pasaba por la cabeza siquiera acercarse a la valla que la rodeaba. Cuando era pequeña su madre le contaba historias terribles de lo que les ocurría a los niños que se acercaban a la Casa de Fui, por lo que jamás se le había ocurrido siquiera mirarla. Pero ahora… tenía que vivir allí. Se echó a andar por el estrecho camino que rodeaba al pueblo, hasta que éste le dejó justo enfrente de la casa, pero a unos quinientos metros, por lo que tendría que atravesar por el campo para llegar a ella.
Ésta puede que sea la última entrada del mes, pues mañana me voy de vacaciones!!! ^-^ lo malo es que no tendré internet u.u''
Bueno, ferliz agosto ii espero que os guste!!

domingo 2 de agosto de 2009

aléjate de mí... déjame vivir

[...vive en tu burbuja de cristal

consigue aquello que más deseas...]


*...sigue tu camino y aléjate de mí
déjame vivir...*
El primer dibujo es de cuando estuve en la playa, y el segundo llevo cerca de tres meses intentando subirlo xDD
Espero que os gusten :P

miércoles 29 de julio de 2009

D+B

Este es un boceto que pinté unna noche, que solo tenía un bolígrafo rojo. Pero me gustó la idea y la repetí... aunque no se parecen mucho...




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Este dibujo lo tengo desde hace algún tiempo, y no sé, me gusta...
Espero que os gusten mis nuevos dibujos ^-^

viernes 24 de julio de 2009

Capítulo I

Primer capítulo de mi mega-cutre historia. Como es taan sumamente mala... he decidido que sea simplemente el guion de un cómic ^-^ . Espero que os guste... y además iré subiendo dibujos relacionados. Aunque tendré que mejorar bastante haha. Bueno, allá va (cruzo los dedos):

I

Caroline despertó temprano. Se desperezó y pensó en el día que iba a tener… hoy era su día favorito: la fiesta del primer día de invierno. Se levantó a la velocidad del rayo y cogió un vestido simple, anaranjado y largo. Salió silenciosamente de su habitación tras un leve vistazo en el espejo. Bajó las escaleras cual gacela y saludó con una arrogante sonrisa a dos sirvientas que limpiaban los estantes. Saltó al jardín y miró el suave cielo azul… Por fin invierno, pensó.

Un chico lujosamente vestido surgió de un vistoso carruaje decorado con bellos relieves. Era un chico alto, rubio, con unos ojos de un curioso color violeta azulado. Era joven y apuesto, y nada más descender con toda elegancia del suntuoso carruaje, las campesinas que estaban en la plaza, jóvenes y algo más mayores, se quedaron prendadas de él… En un pueblo tan pequeño algo así era un acontecimiento. Un sirviente que parecía ser de más alto rango, ordenaba a dos jovenzuelos a cargar con sinfín de baúles y maletas. El chico echó una mirada atrás y vio como los campesinos empezaban a preparar animadamente la velada de aquella noche. De pronto una chica, tal vez de su misma edad, pasó justo por delante de él. Ella le miró y él la miró. Tenía el cabello negro y liso, que enmarcaba una linda cara con forma de corazón. Llevaba un simple traje de campesina, pero andaba con paso elegante. La chica siguió andando por un camino que llevaba al campo. Pero, lo más asombroso eran sus ojos… Unos ojos luminosos color aguamarina oscura, rodeados de unas tupidas pestañas negras como el azabache.

- Señorita Caroline – Saludó la señora Thomas, encargada de la despensa de la granja.
- Buenos días.
- Se le ve muy animada hoy.
- Esta noche es la fiesta del primer día de invierno.
- Cierto. Si buscas a Marie, está en el patio.
- Gracias señora Thomas.
Los padres de Caroline eran dueños de la más próspera granja de Pesevey. Esta tenía grandes cultivos de plantas medicinales, cereales y árboles frutales. Vivían en una gran casa del pueblo, la más rica de todas.
- ¡Marie!
- Caroline, buenos días.
Marie era la mejor amiga de Caroline. Ambas se conocían desde pequeñas, ya que ésta era la hija del criador de caballos de la granja, y básicamente vivían juntas. Marie se había casado hacía no mucho y esperaba un bebé sano y fuerte.
Empezaron a hablar de la fiesta de aquella noche. Se acercaron al viejo pozo y Caroline se asomó a él.
- Hay algo ahí…
- ¿Cómo?
- Unos ojos rojos…
Ambas se miraron con una mirada de temor. Fue Marie la que gritó.
-¡¡LA SOMBRA!!
Todos los campesinos, cocheros, limpiadores, mozos que estaban en el patio empezaron a gritar ¡La Sombra! ¡La Sombra! Y todos y cada uno de ellos se subió a un mueble, a un carro, a una ventana, a una viga. Mientras no tocaran el suelo estaban a salvo…
- ¡Ya sale!
Una garra de afiladas y largas uñas negras empezaban a asomar por el muro del pozo. Se oyeron gritos histéricos, que la señora Thomas intentaba aplacar. Los más lentos se dieron más prisa en subir a las paredes, a las altas sillas y a las mesas.
- ¡Alguien tiene que avisar al pueblo! – propuso de un chillido una chica que tenía a su familia en Pesevey… como casi todo el mundo.
- Iré yo. Soy la más rápida y por el muro no corro ningún peligro.
- ¡Caroline! ¿Tú sola? – Marie no podía dejarla ir sola. Pero ella no podía correr con lo avanzado que tenía el embarazo.
- Yo le acompaño – Dijo Bill, el marido de Marie, alto, fuerte y rápido.
- ¡Pues vamos!
La Sombra, que al aparecer iba lenta, aunque después corría cual demonio era, ya tenía fuera ambas garras y parte del brazo. Caroline y Bill se bajaron de sus respectivos lugares altos y salieron corriendo en dirección a la puerta. La Sombra los sintió en el suelo y se dio más prisa…
- ¡¡CORRED, CORRED!!

Bill ayudó a Caroline a subirse al muro y ambos corrieron por él en dirección al pueblo. No era un largo camino, un poco más de unos quinientos metros, pero algunas piedras estaban sueltas de lo viejo que era el muro.
Cuando llevaban unos escasos veinte metros, vieron a la Sombra, que ya corría detrás de ellos. Este demonio era en completo negro, excepto por sus blancos y afilados colmillos. Cuando andaba o corría iba dejando un rastro de sangre tras sí, que mataba las plantas y envenenaba animales.
- ¡Corre o nos alcanzará!
Llevaron sus fuerzas al límite, pero cuanto más corrían ellos, más corría la sombra. Oían sus propios jadeos sumados al incansable respirar del demonio, gutural y parecido a un gemido.
-¡¡BILL!! – Chilló Caroline cuando sintió que una roca se desprendía bajo sus pies, transportándola justo al camino.
-¡Caroline!
Ésta ya había caído en el camino, sin nada a lo que subirse. La Sombra se acercaba a toda velocidad, y pronto la alcanzaría.
-¡¡Bill, no puedo subir, corre, corre y avisa al pueblo!!
Bill se quedó parado y se dispuso a ayudarla a subir de nuevo al muro.
-¡¡HE DICHO QUE CORRAS!!
La Sombra ya estaba encima de ella. Caroline luchó por subir de nuevo al muro, pero el demonio infernal le agarró por la pierna, haciéndole chillar de dolor…
-¡¡CORRE!!
Bill siguió corriendo sin mirar atrás, sabiendo que ya no había salvación posible para Caroline.